Hacía tanto frío en la habitación que ni el más mínimo roce de miradas podía encender el ambiente. El aire que respiraban y que luego salía de sus bocas eran como brasas ardiendo de hielo seco. No pasaba nada...
No había caricias, ni un arrimo de un cuerpo al otro. Nada. Sólo distancia.
Esa distancia incómoda que cuando se está así, tan helado, cuando no podes mover ni los dedos de los pies, de las manos, lastima... Ahoga.
Sería tremendo morir de frío, ¿saben?. Sería tremendo porque sentiríamos un vacío tan enorme, que convertiría el momento en algo triste, en lo que es... Ni más ni menos.
Pero se equivocan si piensan que no podemos hacerlo de alguna forma. Se muere de frío cotidianamente, de manera muy sutil. Por ejemplo, cuando se está sin una manta, sin un abrigo, en la misma habitación en donde se encuentra una persona en condiciones similares, casi iguales.
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