Se presentó con ganas, con esas ganas que a uno le hacen latir con más rapidez el corazón.
Sin embargo, aturdida por las ganas y el latido, se fue quedando ciega poquito a poco...
Y después se fue quedando sorda, luego, muda.
Una pena...
No podía mirarlo con otros ojos que no fueran de tonta enamorada.
No podía escuchar ningún tipo de defecto o imperfección de su persona ni de su voz.
No volvió a criticarlo jamás, no atentó nunca contra él.
Y así se entregó...
Se envolvió en una nube gigantesca de puro amor y ensueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario