martes, 13 de septiembre de 2011

La mujer de mi vida.


Los ojitos cansados de tanto andar, la mirada perdida, esa que después de unos segundos te encuentra y te mira... Esa voz que penetra en lo más adentro con carísma, dulzura y simpatía.
Muchos decían que era una india y otros dicen que nunca dejó de serlo... Con el pelo largo hasta la cadera, que brillaba cualquier día, en cualquier momento.
Sensible, bondadosa, en exceso cariñosa y muy trabajadora. Cocinera, chef de alma, capaz de convertir una papa en el mejor plato del mismísimo París. 
Amante de la música, Sabina y Abel. Amante de los perros y el otoño. Cuentan que su jardín no era más que un poco de cemento... Sin embargo, después de un tiempo, en el yacía una selva de aroma a jazmín, una atrapante enredadera que llenaba de color el ambiente y su vida.
Si de amor se trata, hoy existen dos grandes que se llevan el primer puesto: él y yo. Él con su sonrisa contagiosa y yo igual, él tan magnificamente perfecto y yo perfecta a mi manera...
Lo cierto es que esta mujer es mágica, mágica por su enorme corazón, por su pensamiento de unión y amistad. Por sus lecciones, sus idea y creencias sobre la vida.
Antigua como pocas, comprensiva y paciente. Esa paciencia que sólo encuentro en ella cuando la situación es límite. Realista, positiva y soñadora del mundo. Graciosa y seria a la vez. Mujer de todos, querible y adorada. Llorona, risueña...
Fuente de vida, amor, ganas de seguir: él y yo... Siempre va a ser así, él y yo dueños de sus alegrías, preocupaciones, inquietudes. Somos su futuro, el más presente y duradero.

Jenny es la mujer que amo, yo comprendo porqué.



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