Me gusta el fuego. Sentado a su luz, cerca de su calor, es como si estuviera menos solo. A lo largo de mucho tiempo, ha sido lo más parecido a un hogar que he tenido.
No puedo hablarles de mí. Y las cosas que dicen no me conmueven, ni me asombran. He visto y hecho más cosas de las que todos ellos juntos podrán jamás vivir o hacer. Los busco para creer que no estoy solo. Pero sé que lo estoy, para siempre.
[…] Entre la realidad y la fantasía existe un puente muy estrecho que muchas veces cruzamos sin siquiera darnos cuenta. Es por eso, que lo que les cuento, no sé si ocurrió a un lado u otro. […]
Edgardo A. Reinhart
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