Será que de a poco me voy encontrando. Ayer me vino a visitar mi otro yo; cargado de celos, tristezas, confusiones, culpas, errores y valla a saber uno cuanto más!
Me contó sobre sus vivencias del mes pasado, pero el más pasado, ese que todavía tenía un poco de luz. Yo lo escuché atenta:
-Pero todo es lo mismo para mí –me dijo- como aquella canción traducida que tanto nos gusta.
Sí, yo lo escuché, pero tenía ganas de decirle (decirme), que nada es lo mismo para el (para mi, nosotros). Que por algo tiene ese malestar, algo le importa.
Luego de un rato de pensar, voltear hacia atrás, caer y tropezar otra vez; se fue (volví a la neutralidad). Porque antes de que llegara, yo no estaba bien, pero tampoco mal, sólo neutra; una risita por aquí, un bostezo por allá. Miraba la tele y tomaba café. Era un círculo entre la película de las 17.00 y yo (porque déjenme decirles, me encantaba esa película).
De repente, vino a buscarme el recuerdo… Ahí cerca de las 19.00. Me decía que no me olvide:
-Acordate de ese día de abril! Acordate de tu dulce abril. Al que tanto quisiste; dale, acordate!
¿Para qué?! Si ya se me había pasado todo eso del otro yo… Eso de andar con ataduras, penas y lamentos. ¿Para qué? Si yo estaba “contenta” porque iban a dar más de esa saga de películas que a mi tanto me gusta. Pero bueno… Me concentré, adquirí coraje, anule todo buen pensamiento extraído del maravilloso film que estaba mirando, y le presté atención:
-Acordate de los principios, esos que te gustan a vos porque están cargados de alegría y cariño. Esos que vivís con más ganas. Los que duran poco. ¿Por qué? Porque son fantasías, porque son principios y duran poco porque así tiene que ser. Porque después viene el desarrollo… Pero vos acordate de eso diciembre, de ese octubre o de ese marzo… Dale, acordate!
No! ¿Para qué?!! Si, lo escuché, le presté toda mi atención, y después el recuerdo se fue solito… Aún así, los pensamientos que el depositó en mí, no lo hicieron, se quedaron ahí, en mi querida amiga y compañera: la memoria.
Y quedé con humor de perros, cara larga y nostalgia, lo que restó de la tarde… Y ahora a la noche, la tortura mayor. Sin embargo, la música, mi fiel compinche, la que está en todas (y cuando digo todas, son TODAS), mi gran soporte (pero no el único); ella, la música, podrá ayudarme esta vez, y siempre.
Creo que comenté bastante ya. Pienso que en unos minutos emprenderé mi arduo y largo viaje hacia esas bellas tierras; en donde muriéndome me siento seguro, en donde lastimándome me siento viva. Me voy a dormir, para soñar.
Una última cosa quiero decir:
-Ya se volar. Dentro de mis sueños, lo hago estupendamente bien.
00.51 AM

No hay comentarios:
Publicar un comentario