Sé que piensas que me aferro a ti,
y que me he quedado en el camino,
y que no entiendo las cosas como tú,
pero no es así.
No te rías de mí,
no apartes la mirada.
Me seguirás
con el sol en tus ojos
y en ti,
convaleciente.
Y con las piernas de piedra,
pegarás a mi puerta
e iremos hacia arriba,
hacia la blanca luz.
No lo creo así.
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