Y además, después de tanta espera, logras separar un poco tu realidad, y VOLÁS! Y sos insoportablemente feliz, te llenas de dicha, de mejores ocasos en los cuales presenciar ese momento sea puramente tuyo. Sin embargo, hay algo que te estorba, y te acordas de que no terminaste de jugar; que según quien te lo explicó, nunca terminarías. De todas maneras, entras en calma de nuevo y analizas la situación con un poco de detenimiento en cada detalle.
Cuando por fin sentís que tenes el problema solucionado, que lo único que te queda por hacer es ponerlo en práctica, te pasa algo muy muy grave. Qué pasó? Nadie se acuerda de vos, ni de quién sos, ni cómo te llamas, en dónde vivís, NADA! Y seguís, total sabes que se va a terminar de una buena vez. Como antes, tratas de buscarle la culpa a alguien más, ¿decís que a todos les borraron la memoria o desapareces? Qué te va mejor? Seguramente echarle la culpa al otro, claro… Volvé a empezar, te está yendo muy mal.
QUIÉN HABLA? Te volvés loco! (e insignificante), alguien sigue tus pasos, bien, otro drama más. Pero te recuerda de que así lo planeaste, que eso era lo que querías. Y los mensajes se vuelven perturbadores para lo que es tu cabeza; en ese instante, corres hacia dónde estabas desde un principio, a lo que te llevó a comenzar todo ese juego estúpido. Poco a poco, las cosas se van arreglando y tomando su lugar, para tu suerte, comienzan a saber quién sos, cómo es tu nombre, en dónde vivís. Vuelven los tiempos de dicha como lo conseguiste después de tanto lucharla.
Alguien te decía que juegues, que no se terminaría nunca. Que vuelvas a empezar si cometías el mismo error. Alguien te estaba siguiendo, te rompía la cabeza pensando, para que reflexiones, para que no abandones todo eso que deseabas desde chico. Alguien te estaba pidiendo que VIVAS-
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