No creo más en el hombre que quiere. Creo más en aquel que siente hasta la caricia más mínima, el susurro más bajo.
Creo en el sueño de los niños, aquellos que renacen desde lo más profundo y florecen en las mañanas, cuando el sol se posa en sus ojos.
Apoyo al tiempo y la paciencia que éste acapara en mí.
Más a la mujer anhelo, las ganas de cambiar y no decaer, el esfuerzo y el llanto con pasión. El cansancio repentino, las risas chillonas.
Siento el amor más común, el más fácil de percibir. No tengo aquel que duele al regalarlo, en cambio, sé que lo doy y lo dí.
Busco verdades perdidas, sentimientos lejanos; encuentro aventuras y sensaciones raras pero increíblemente agradables.
Sonrío entre aromas de jardín, dejo la lluvia caer.
Hoy tengo el poder de ser, de tranquilizarme al perder la razón.
Hoy... Vivo-
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